La glucosamina y la condroitina son los suplementos de apoyo articular más estudiados en la literatura científica. Una revisión Cochrane publicada en 2015 analizó múltiples ensayos controlados y concluyó que la evidencia es mixta y que los resultados individuales varían. No se puede hacer una afirmación universal sobre su eficacia.
La curcumina ha sido objeto de estudios preliminares en relación con la inflamación articular. Su biodisponibilidad es un factor relevante: la curcumina sola se absorbe con dificultad, por lo que algunos estudios utilizan formulaciones específicas. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) considera que la evidencia actual no es suficiente para autorizar declaraciones de propiedades saludables específicas para la cúrcuma.
La vitamina C sí cuenta con declaraciones autorizadas por la EFSA en relación con la síntesis normal de colágeno. Esta es una función fisiológica documentada.
En resumen: la literatura científica sobre suplementos articulares es extensa pero heterogénea. Algunos estudios muestran resultados favorables en ciertos grupos de personas. Otros no encuentran diferencias significativas respecto al placebo. Esta variabilidad es la razón por la que no hacemos promesas absolutas.